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Ámsterdam, la Libertad 3/3

La ocupación de lugares mínimamente habitables donde guarecerse y disponer de un techo para vivir es tan inherente a la raza humana como al resto de los animales de la naturaleza. Lo que ya no es común es la connotación política y reivindicativa de la ocupación que pone en la palestra la injusticia de que existan inmuebles vacíos y abandonados por sus dueños mientras hay personas y familias que no tienen donde establecer su hábitat.

Es lo que ocurre hacia los años sesenta del siglo pasado en varias ciudades europeas en las que la llegada masiva de estudiantes universitarios procedentes de un más amplio espectro social, crea una conciencia de reparto y uso de la propiedad privada, lo que unido al abandono y degradación de zonas urbanas e industriales muy próximas al centro y la explosión demográfica de la década, forman el cóctel adecuado para que el movimiento okupa se organice y arraigue.

Es precisamente en Ámsterdam a principios del siglo XX cuando una sentencia de la Corte Suprema admite la reocupación de edificios y otorga valor jurídico a la defensa de “la paz doméstica” donde quiera que esté instalada.

El movimiento ocupa de los años sesenta con su alta carga protestataria llegó a contar unos veinte mil efectivos en los años ochenta. La técnica del “kraken” o sonido que hace la puerta al romper y la rápida colocación de mesa y silla y colchón para parapetarse ante el concepto de “paz doméstica” ha sido sustituida, mediante la acción de la municipalidad por una regulación legal con oficina administrativa y lista de espera incluidas. Un reenfoque que se ha dado en llamar “contraocupas” o inquilinos temporales que por muy bajo precio “ocupan” habitaciones en edificios abandonados o adquiridos por la municipalidad a sus dueños.

Con setecientos cincuenta mil habitantes constreñidos en un muy poco espacio, y la llegada constante de gentes procedentes de todas las partes del mundo, en la actualidad se han contado hasta ciento cuarenta y cinco nacionalidades, tener una vivienda vacía en Ámsterdam es un casi un delito. Cualquiera pude denunciar que un edificio está vacío desde hace más de un año, y si no tiene un plan de rehabilitación en marcha, a través de una web gubernamental se gestiona una lista de espera que va autorizando a romper la cerradura y meter cama, mesa y silla al módico precio de 150 euros de mensualidad y con prohibición de subarriendo. No se tiene en cuenta el poder adquisitivo ni los niveles de renta del optante, de hecho ocupan ejecutivos, dueños de negocios, etc. Si el ocupa autorizado se ausenta del inmueble por más de un año debe buscar en la lista de espera de la web alguien que ocupe en su ausencia, en caso contrario pierde el derecho. Nada que ver con una Ley de Arrendamientos Urbanos al uso.

En la actualidad el movimiento ha bajado bastante debido al incremento de viviendas sociales y alojamientos oficiales asequibles para jóvenes, pero sobre todo al sino de los tiempos. Algunos de los edificios típicos se están reconvirtiendo en centros cívicos y lugares de reunión social. No obstante aún se computan unos quince barrios con ocupas, habiendo quedado para el turismo y como muestra las famosas fachadas decoradas de la Spuistraat, primitiva calle origen del legendario movimiento.

Para finalizar nuestro periplo por esta original y acogedora ciudad europea, hablaremos del Homomonument. Consiste en un triángulo de granito rosa que unido a otros dos forman un nuevo triángulo. El del agua rememora a las víctimas del VIH, el segundo representa el pasado y el del podio el futuro. Con esta imagen el autor (Karin Daan) ha querido conmemorar el que debían llevar junto a la estrella de David los homosexuales en los campos de concentración nazis. En su conjunto conmemora la persecución de la homosexualidad a lo largo de la historia.

Holanda fue el primer país del mundo en legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo y es hoy el único que reserva en su calendario de fiestas nacionales un día “rosa”. En la pasada edición del Día del Orgullo Gay celebrada en Ámsterdam en el mes de agosto pasado, según crónicas de prensa, en el desfile participó el Ministro Ronald Plasterk, secretario de coordinación de políticas para el colectivo homosexual del gobierno holandés, así como una embarcación de policía con agentes de policía, también un barco llamado de la Cristiandad aportado por los cristianos ortodoxos. Se celebraron varias misas dedicadas a ese día, una de ellas en una sinagoga. El Museo Histórico Judío organizó con una muestra de fotos de temática gay mostrando el orgullo gay en Jerusalén, El Museo Histórico de Ámsterdam organizó una gira especial para la familia real holandesa. El zoo Artis expuso sobre la homosexualidad en el reino animal. ING y TNT patrocinaron la celebración de la jornada. Una fiesta nacional en toda regla.

La comunidad gay es respetada, como las demás, ponen su bandera donde quiere remarcar un lugar propio, sea librería, café, etc. Tiene su propio periódico, el Gay Krant, y sus centros de información para gays y lesbianas y bisexuales. Todo está previsto para al tolerancia, el respeto y la libertad en ésta ciudad que llama constantemente el visitante. “Periódico CARRIÓN, 1ª quincena de 2009)

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